Libros agotados

Juan Alberto Sánchez García

Recientemente visité un centro comercial de la localidad y como de costumbre me fui a sus dos librerías que allí se encuentran; sorpresa para mí al verlas literalmente casi vacías y la pregunta que salta a la vista ¿y de cuando acá se agotaron los libros? ¿es que hay una inusitada fiebre por la lectura?, ¿qué pasó?, ¿está el venezolano leyendo ahora desenfrenadamente?

Al salir de los anaqueles que antes contenían libros a granel y que generalmente la mayoría de las veces costaba hasta para encontrar un título que se buscaba, porque era tal la cantidad que había que recurrir al archivo electrónico, viene a la memoria una tormenta de ideas y pensamientos que no se sabe ni como ordenarlos para tratar de explicarse qué pasó aquí.

Será que hay bachaqueo de libros?, ¿ Será que la gente se los esta llevando para la casa de a tres o cuatro unidades por autor y título? ¿o acaso será que se los están llevando para Colombia por el diferencial cambiario? ¿Qué es lo que realmente le sucede a Venezuela?

Ya el común de la gente empieza a tornarse confundido y sin explicación frente a tanta realidad que le agolpa en el diario trajinar de la calle, la escasez, la carestía, el desabastecimiento, el boicot, el bachaqueo, la especulación y la “institucionalizada y común cola” para adquirir cualquier cosa; todo está a la orden del día y ya forma parte de la cotidianidad, la ley del más vivo se encuentra a la vuelta de la esquina.

Hace falta ir al fondo del problema para saber qué nos esta pasando, es imprescindible un serio análisis coyuntural que descifre esta situación, mientras tanto el trapo rojo está en el ruedo emborrachando al toro para que caiga al suelo luego de la injusta estocada.

Si por un momento hacemos el ejercicio de cerrar los ojos y pensar que este gobierno se acabó y se fue; mañana, les apuesto fuertes a pullas, comenzarían a aparecer todos los productos que habían desaparecido y hasta las cosas útiles que no sirven para nada, volverían a las estanterías, y veríamos a los sesudos y jactanciosos, aparecer en la tv (como el 12 de abril de 2002, buenos días Venezuela, tenemos nuevo presidente) contando toda la tramoya y marramuncias de cómo fue que hicieron el plan, la mismita copia y libreto como sucedió en Chile, solo que con otros actores de reparto.

Hay un jueguito maquiavélico desenfrenado de consecuencias impredecibles con el pueblo venezolano, en todas y cada una de sus actividades diarias para el desarrollo normal de su vida, y los resultados pareciera que ni al gobierno ni a la oposición les importa, o los cálculos los hacen mal.

Entiende uno, que dado el control de cambio, el país tiene prioridades a la hora de asignar divisas, pero no es lógico pensar que hayan desaparecido como por arte de magia los libros de diferentes disciplinas del conocimiento de la noche a la mañana, hace falta una sana y racional explicación.

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