Ahora que el petroleo es nuestro

Juan Alberto Sánchez García

Ali Primera, el cantor del pueblo, sembró en la gente por los años 60 y 70, su poesía hecha canción, con la verticalidad e irreverencia que siempre lo caracterizó frente a esa sociedad que jamás se preocupaba por los desprotegidos de los elementos básicos para vivir.

Su poesía siempre anduvo construyendo un pentagrama musical que iba más allá de la simple melodía, su contenido profundo y cierto, atraía hasta a los opositores de su pensamiento; las universidades, las plazas de las ciudades y pueblos, los barrios en los rincones más apartados del país, tuvieron siempre una ración musical del cantor del pueblo, quien lleno de una profunda convicción revolucionaria les llevaba un mensaje de futuro y esperanza.

Ese fue Ali Primera, y aún lo sigue siendo, un icono de la música protesta, un rebelde frente a la Venezuela que le tocó vivir, tuvo en este país lleno de las más profundas contradicciones, los mejores elementos de inspiración para componer su poesía hecha canción al calor de su inseparable compañero: el cuatro, que hacía casi llorar cada vez que lo ejecutada en los conciertos populares donde se pagaba solo con la presencia y los aplausos.

Hoy, lo recordamos porque su poesía sigue vigente, su protesta aun no cesa en la necesidad de construir una sociedad justa, incluyente y llena de valores humanos, y ese recuerdo es precisamente por aquella poesía salida quizá en una noche de tertulia o en una mañana en su natal estado Falcón y su Coro del alma, que le encendía la musa y lo trasportaba con su cuatro, para crear poesía comprometida y verdaderamente revolucionaria.

Esa Venezuela donde el bipartidismo se repartía el país como una torta, jamás le permitió usar los medios de comunicación radiales o televisivos para llevar su mensaje al pueblo, fue un veto descarado e insólito de quienes detentaban el poder y manejaban el país como su propiedad personal, esos amos del valle, esos doce apóstoles, que deben recordarse, ellos eran quienes fijaban las reglas de juego pasando por encima de Constitución y las leyes; el pueblo solo contaba cada vez que había un proceso electoral.

Ha pasado mucha agua por debajo del puente en esta Venezuela y hoy sigue retumbando en lo más profundo de muchos venezolanos las melodías de Ali Primera y que vienen como anillo al dedo “Ahora que el petróleo es nuestro/no quiero ver pordioseros/enfermos sin hospitales/y muchachos sin liceo/no lo digo por manía/ni porque me da la gana/pero el pueblo compañero/tiene un hambre soberana/ahora que el petróleo es nuestro/ izaron el pabellón/ subieron las caraotas/ las tajadas/ y el arroz”

Insistentemente Ali está presente en la cotidianidad del pueblo venezolano que espera le sean resueltos sus principales problemas, es perentorio recordar que este gobierno lleva 16 años batallando y buscando el camino, pero se hace cada día mas difícil redimir a un pueblo que se partió en dos toletes y su enfrentamiento es prácticamente cotidiano, la intolerancia de parte y parte está a la orden del día, aquí no hay una lucha de clases, sino una lucha de poderes.

Venezuela está convertida en una olla de presión, y que si llegado el momento la válvula no deja salir el vapor, estallará y encontrará a todo el pueblo venezolano al frente; Chávez siempre decía aquella conocida y trillada cita bíblica: “el que tenga ojos que vea y el que tenga oídos que oiga” la situación económica del país esta aceleradamente necesitando la definición de su rumbo, no es mentira que los servicios públicos empeoran, que hay escasez y desabastecimiento, pues las ya permanentes colas así lo testifican; los argumentos gubernamentales se van quedando atrás y muchas veces resulta mas contraproducente la medicina que la enfermedad, la ineficiencia e incapacidad están a la orden del día.

Este país llamado Venezuela cambió para siempre, demostró que tiene capacidad de aguante, pero también talante y exige respuestas, no es posible que 16 años después se siga mirando por el retrovisor y echándole culpas a quienes fueron y son responsables de lo que aquí pasó; pero hay que recordarle a los administradores de la cosa pública que “amor con hambre no dura” es hora de hacerse un acto de contrición y rectificar para demostrar que ahora si es el petróleo nuestro.

©JASG18062015

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