
El Mercaito de La Grita
Domingo de reflexión
El Mercadito
Por: Juan Alberto Sánchez García
Arrastrando herencias europeas y sobre todo españolas, nuestros pueblos fueron configurando sus formas de vida cotidiana. Las plazas públicas, por su ubicación estratégica, se convirtieron en los escenarios perfectos para reunir a los pobladores; por ello, originalmente se constituyeron como el espacio donde, generalmente un día a la semana (sábado o domingo), se producía el encuentro vital entre vendedores y compradores. En muchos rincones de nuestra geografía, esta tradición aún persiste con fuerza.
La Grita no podía ser la excepción. Desde la fundación de la ciudad, una vez configurado el trazado de calles y plazas, comenzó la costumbre de asistir los domingos a la Plaza Mayor (hoy Plaza Bolívar). Allí se comercializaban todos los productos que los campos de esta comarca producian y que los habitantes del pueblo necesitaban para su sustento diario.
Según los Apuntes gritenses de Lupi Orozco, para 1884 existía un mercado público los domingos en la Plaza Mayor ( plaza Bolívar), el cual se alternaba el domingo siguiente en la Plaza de Los Ángeles ( plaza Jáuregui). Así se fue tejiendo una cultura popular fundamentada en la soberanía alimentaria y en la necesidad de adquirir productos frescos, de calidad y directamente del surco.
Un hito importante ocurrió el 8 de abril de 1939: bajo la gestión del Dr. José Abel Montilla como presidente del Táchira, se inauguró en La Grita el primer mercado libre del estado. Su finalidad era clara: eliminar intermediarios y acercar al productor con el consumidor. Una semana después, se replicaría este modelo en Libertad de Capacho (Cien años de Historia tachirense 1899-2000).
A mediados de los años cuarenta, la municipalidad del Distrito Jáuregui instaló el Mercado Municipal en la calle tres, entre carreras cinco y seis. En este recinto, recordado con nostalgia por diversas generaciones, los hombres del campo y los hogares locales se citaban religiosamente cada domingo.
Sin embargo, con el paso de las décadas, la esencia de este espacio fue mutando. La venta de hortalizas y víveres fue desplazada por mercancías secas, quincallería, ropa, calzado y artefactos eléctricos. Ante la mirada indiferente de la municipalidad, propietaria del inmueble, el mercado perdió ese brillo de ícono referencial, turístico y agrícola que define a un pueblo productor. Quedan unos poquísimos locales que batallan diariamente, igual que algunas carnicerías.
Rescatando esa esencia, en 1993, los concejales del municipio Jáuregui promovieron la creación de un mercado de calle los días sábados. Esta iniciativa sobrevive hasta hoy bajo el nombre afectuoso de “El Mercadito”, un espacio de reencuentro genuino donde los trabajadores de la montaña ofrecen el fruto de su esfuerzo a los ciudadanos.
A pesar de su innegable relevancia social, las distintas gestiones municipales han carecido de visión para definir un recinto público fijo y digno. Esto ha condenado al mercado a un peregrinaje por varios puntos de la ciudad, hasta su ubicación actual en el terreno del viejo estadio municipal, un lugar que, por su amplitud, permite el desarrollo cómodo de la actividad.
Hoy, «El Mercadito» es mucho más que un centro de transacciones comerciales; es un patrimonio vivo de los griteños. En el pregón de los vendedores, el color de los frutos y el aroma de las hortalizas recién cosechadas, late la identidad de un pueblo que se niega a olvidar sus raíces. Es el recordatorio de que, en el intercambio humano y el trato cordial, reside el verdadero valor de nuestra economía local.
JASG.