El reflexivo Abraham

Por: Juan Alberto Sánchez García
Ayer, Viernes Santo, Abraham —nuestro amigo de afectos— no estuvo en su esquina habitual de la calle tres con carrera seis del pueblo, lugar donde acostumbra a compartir con los transeúntes desde las dos hasta las seis de la tarde.
Y es que sus convicciones espirituales le habían dictado un compromiso ineludible: cumplir con la visita a los siete templos. En esa misión espiritual andaba Abraham, portando sus atuendos de siempre, la cruz sobre el pecho y la Biblia como compañera de jornada; sin embargo, esta vez su andar era más presuroso y su carácter parecía estar insuflado por una fuerte agitación espiritual.

A pesar de su prisa, nos une una entrañable amistad, suficiente para calmar su paso y permitirnos compartir un breve rato de tertulia, incluyendo las fotografías que hoy les comparto. Lo vi leer atentamente las Escrituras y luego elevar su voz para ser escuchado; accedí con respeto a oírlo, pues se trata de un ser humano excepcional, un personaje ya icónico y esencial en el paisaje cotidiano de La Grita.
Al terminar su lectura, la cual hacía de rodillas en la entrada del templo, me comentó algunos pasajes de la Biblia, la carta magna de los cristianos. Luego, retomó su marcha hacia el Templo Matriz del Espíritu Santo y, antes de continuar su periplo, me dijo con solemnidad: «Sigo el camino, porque me espera la imagen sagrada del Santo Cristo de La Grita». JASG.