Pesadilla agrícola

Juan Alberto Sánchez García

La agricultura venezolana viene atravesando un largo camino de variadas dificultades, aparte de ser una actividad económica de riesgo e incertidumbre, por tener que lidiar con variables naturales incontrolables y variables políticas que dependen del momento que se esté viviendo.

Venezuela una vez aparecido el petróleo, dejó de lado la actividad agropecuaria y prefirió propagar la mala conseja de darle poca importancia al sector primario de la economía, perfilando un país mono productor y rentista dependiente.

La agricultura ha circundado por la vida del país como el péndulo del reloj, jamás ha sido bien atendida y poco los gobernantes y dirigentes se han percatado de lo estratégico de este sector económico, que bien definen las Constituciones que ha tenido la Republica hasta estos días, pero que siempre ha sido como un saludo a la bandera.

La actual coyuntura económica y política del país ha encontrado al venezolano frente a una grave realidad, de tener una baja producción agropecuaria con una abrupta caída del ingreso petrolero, lo cual ha disminuido drásticamente las importaciones agropecuarias y lo tiene casi que cerca del colapso.

Aquí hay suficiente capacidad en recursos humanos producidos y especializados por las universidades y los diferentes centros de investigación, así como recursos naturales de suelo y agua, capaces de abastecer buena parte de las 700 mil toneladas de alimentos mensuales que demanda su población.

La encrucijada que hoy vive la agricultura no tiene parangón en la historia política y económica del país; entre 1974 y 1994 el país importaba en promedio (cifras MAC – FAO) un mil 700 millones de dólares anuales en productos de origen vegetal y animal, lógicamente que contaba con una población menor pero igualmente habían buenos ingresos petroleros que permitían tan perniciosa practica en contra de la agricultura nacional, que a su vez dotaba el Estado del agrosoporte físico para la producción; hasta los tiempos de hoy que se llegó a gastar en importaciones agrícolas la bicoca de hasta 8 mil millones de dólares anuales, lo que ha mermado indudablemente la producción nacional, con esta práctica desleal y arruinadora de la agricultura.

El modelo agrícola venezolano al igual que el resto de Latinoamérica ha venido desarrollándose sobre la base de un uso intensivo de insumos importados; mención especial merecen las semillas que en un altísimo porcentaje son importadas y que representan más del 50 por ciento de los costos de producción de cualquiera de los rubros agrícolas, y que actualmente son un verdadero calvario agrícola.

Los estados andinos, Trujillo, Mérida y Táchira, que son la despensa de Venezuela en hortalizas y papa porque suministran más del 80 por ciento de la demanda nacional, cultivan en forma intensiva durante todo el año 37 mil 910 hectáreas, con 2 mil 716 sistemas de riego y 41 mil productores agrícolas (cifras dossier Corpoandes Mérida) y según cálculos propios requieren 30 mil 955 toneladas de semillas para cubrir la siembra y producción de 27 rubros hortícolas y papa.

Actualmente la situación de semillas al decir de los propios agricultores tachirenses, es crítica, no hay semilla de papa y hortalizas por las dificultades económicas que enfrenta el país, y las semillas de hortalizas que se encuentran en el mercado clandestino, son muy costosas y sin garantía de su viabilidad.

Estas entre otras, son las razones que ponen de manifiesto la crítica situación actual de carestía en los precios de las hortalizas y papa a nivel del consumidor final, precios ya prácticamente inalcanzables, y pronto no se encontraran disponibles al consumidor.

Los estados andinos requieren anualmente unos 480 mil huacales o sacos de semilla de papa de 50 kilogramos para poder sembrar las 16 mil hectáreas disponibles anualmente para este cultivo, con la paradoja de que en estos estados andinos el gobierno del Presidente Chávez hizo un gran esfuerzo de soberanía para producir parte significativa de la demanda de semilla de papa; solo basta visitar los centro de investigación del INIA en Trujillo, Mérida y Táchira y constatar como la desidia y falta de visión se ha venido consumiendo el sueño de Chávez.

En esos centros de investigación esta, los laboratorios de cultivo de tejido, los invernaderos de última generación con tecnología de punta y que fueron instalados en convenio con Argentina, organizaciones de agricultores semillerista de papa como es el caso del estado Merida, para producir los mini tubérculos y todo el paquete tecnológico para romper con este negocio de importación de semilla de papa que no genera soberanía agroalimentaria al país.

Aquí ha faltado gerencia, orden y disciplina, el gobierno nacional debe emprender una batalla campal frente a toda esta desidia, buscar gente capaz y técnicamente formada, que la hay por cantidades, y darles la responsabilidad de hacerlos “hombre o mujer programa” que sea el responsable en cada uno de los estados y en cada uno de los rubros bandera, como los llamaba el extraordinario venezolano de excepción JJ.Montilla, y que saquen adelante este paquidermo convertido en pesadilla agrícola.

©JASG21ABRIL2016

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