Crónica visual gritense

La Grita con sabor a pueblo
Vendedora de café
Por: Juan Alberto Sánchez Garcia
A las cinco en punto de todas las mañanas, Jaquelín, la vendedora de café del pueblo, deja la cama y emprende la tarea de preparar las apetitosas bebidas de café, chocolate y aromáticas. Al tener listos sus productos, sale de su casa materna a las seis y media de la mañana para recorrer las calles centrales de La Grita, ofreciendo esas bebidas calientes que animan el cuerpo, reconfortan el alma y despiertan el estímulo necesario para comenzar la jornada.
Es la rutina diaria convertida en una noble faena de trabajo que Jaquelín asume con la jovialidad que la caracteriza. Su andar va siempre armonizado con la buena conversa y una sonrisa permanente. Tomarse una bebida caliente de sus manos es también recibir su cordialidad y una disposición, sin apuros ni aspavientos, para entablar una plática larga y tendida. El ser nativa de La Grita le ofrece la ventaja de conocer a casi todo el que se tropieza en el camino; de modo que tomarse un cafecito con ella siempre va acompañado del cuento, la anécdota y el comentario del momento.
A medida que el sol despunta sobre las imponentes montañas gritenses y la neblina matutina comienza a disiparse entre los techos de tejas, el aroma a café recién colado se convierte en el faro que guía a los madrugadores. Los agricultores que bajan del páramo hacia el mercado, los comerciantes que abren sus negocios y los vecinos que salen a cumplir con sus quehaceres diarios detienen su paso al verla. Jaquelín no solo vende una bebida; ofrece un instante de pausa, un refugio de calor humano en medio del frío característico de esta ensoñadora comarca.
Cada termo que carga en su carrito resguarda un pedacito de la identidad local, un sorbo de nostalgia que transporta al consumidor a las entrañas de las mejores tradiciones vivas del pueblo. A través de su oficio, Jaquelín se convierte en un pilar invisible pero fundamental del día a día en el valle espiritual del Táchira, tejiendo lazos comunitarios con un cafecito a la vez, y recordándoles a todos que la verdadera riqueza de La Grita reside en la inquebrantable calidez y cordialidad de su gente. JASG.