El bugui de Yanko

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Por: Juan Alberto Sánchez García

Cuando el carro llegó al pueblo

Yanko José Ramírez Astudillo, nace en Quito Ecuador el 29 de abril de 1950 hijo del médico Gritense José Ramón Ramirez Benedetti y Germania Astudillo oriunda de Ecuador, en el hogar que compartió con sus dos hermanas, Sandra y Mireya, Desde niño  venía a La Grita por razones familiares,  de manera que siempre ha estado estrechamente vinculado a su terruño, donde ha transcurrido felizmente su vida hasta hoy.

En la conversación amena que sostuvimos, tuve la oportunidad de conocer una serie de facetas de Yanko, su vida ha andado entre  mujeres, amigos, motos, carros y caballos. Con sus 67 años a cuestas sigue siendo conversador ameno, contador de historias, aventuras, amoríos, acompañado de un asombroso optimismo y nunca arrepentido de todo lo que ha transitado en estos años de vida.

—-Mi nombre  se debe a que mamá cuando estaba embarazada leyó la novela: “El violín de Yanko” la que le gustó mucho por la trama del  personaje central  y de ahí provino que yo lleve ese nombre o apelativo como dice la gente del pueblo.

Comenzó a estudiar en el liceo militar Jáuregui pero no duró ni un año, recuerda alegremente la junta que allí tenía, —— yo estudiaba primer año, Charle “cachaplas” Chacón (+) segundo y Polo Cáceres tercero, fuimos tres amigos inseparables en el breve tiempo que pasé en el liceo militar y luego en la vida diaria. ——-Recuerdo que  el polo Cáceres me dio a que le guardara tres cigarrillos porque temía que en clase lo revisaran y se los encontraran; y yo, un nuevo y pelao de primer año, sin saber nada, los guardé en el bolsillo de la camisa, pero debe ser que el olor me delató, y el sargento Ayala un negro como guajiro, me los encontró y me los hizo tragar, lo que me ocasionó  vomito y diarrea durante dos días; por cierto el Polo se perdió unos días de mi casa, por temor a la jartada que le iban a echar, además que yo jamás me he fumado un cigarrillo.

Se lo llevan sus padres para Caracas y allí estudia el bachillerato, ingresando luego a la UCV en Maracay a estudiar ingeniería agronómica, pero no se aguantó sino como 4 semestres. Regresó a Caracas imbuido por el furor de las motos y los carros que era su pasión.

Comienza en caracas a echar vaina con carros y motos y preparó junto a un amigo ingeniero mecánico, un pequeño carro descapotado que se le veía hasta el motor y que llamaban “Bugui” contó con la colaboración  de otro gritense: Nicolás Díaz, quien le ayuda en la parte mecánica y preparación de ese pequeño y espectacular Bugui que en Caracas era la novedad del momento.

—– Corría el año 69 – 71 y se me ocurre por el mes de agosto, mes de las ferias y fiestas, traer a La Grita “el bugui”, busqué en Caracas a José “Carache” (+) que tenía un viejo camión, lo montamos y dele, nos vinimos muy alegres y contentos. En el camino pensaba cómo me iba a pavonear a las chamas con este convertible y para exhibirme, como todo joven que se quiere comer el mundo de un solo mordisco.

Yanko nunca imaginó que así como en 1924 Abelardo Mansilla trajo a La Grita el primer carro, él sería el pionero en traer el primer Bugui a este pueblo, se nota que a Yanko no lo acompaña la menor idea de lo histórico, sino lo anima lo anecdótico, y como él mismo  dice la jodedera.

—- Al llegar a La Grita la única plataforma donde se podía cargar y descargar el bugui era la de las instalaciones del Ministerio de obras Públicas (MOP) frente al estadio, asi fue como esa tarde de agosto, cansados pero con el ánimo a millón lo desmontamos a la vista de mucha gente que se acercó a ver que estaban bajando y causó lo que yo me imaginaba en Caracas, un revuelo y comentarios al verlo y escuchar el motor prendido con un fuerte ruido y parecido a esos briosos caballos pura sangre.

Arrancó el bugui a conocer La Grita, le dieron las primeras vueltas por las calles principalesdel pueblo, la dos y tres, y fue toda una admiración de la gente al verlo pasar, Yanko como piloto, con su camisa de cuadros, su jeen y las botas tipo tejanas que siempre lo acompañaban, además de su radiante juventud manifiesta en la sonrisa permanente.

Había llegado años recientes el hombre a la luna y estaba fresca la imagen del carro que anduvo por la luna, por eso la gente al ver pasar “el bugui de Yanko” lo comparaban y decían: mirá, parecido al que fue a la luna.

———- Fueron épocas muy bonitas que recuerdo con cariño, nada de nostalgia, andar por las calles de La Grita con las muchachas calvarieras amigas de infancia era una nota, el bugui lo llevé a las ferias de San Sebastián en San Cristóbal, a las del Sol en Mérida, a las ferias de Tovar y lógicamente a Seboruco, en todos lados causaba curiosidad el bugui.

Tuvo una empresa en Caracas y con su socio prepararon 14 buguis, el más novedoso que recuerda fue uno que traía el volante a la derecha, ese se vendió como pan caliente. Los bugui los traía Yanko a La Grita, descansaba del viaje largo y al otro día partía para Cúcuta con algunos amigos como Hugo “Puerca”  Hugo “chicha” a mandarlo a tapizar, donde resultaba muy barato, el cambio era de 18 pesos por bolívar, y una tremenda calidad el cuero que usaban; mientras tapizaban el bugui nos metíamos a “la casa de las muñecas” recuerdo que la rockola tocaba tres canciones por peso, de manera que con un bolívar se oían unas cuantas canciones y pasábamos un rato de placer con pocos bolívares gastados.

Es conocido y reconocido en La Grita por ser una persona multifacética, otra de sus pasiones ha sido los caballos, a los que les ha dedicado parte de su vida, es tal el apasionamiento que siente por los caballos que uno lo tumbó y casi lo deja inválido, pero sonriente dice: los sigo queriendo. Muestra con orgullo los trofeos que ha ganado junto a uno de sus hijos que lo ha acompañado en estos años y tiene pensado colocarlos en su casa a la vista de quienes lo visitan.

Estábamos ya terminando la conversa y con voz muy bajita y sigilosamente me confesó que tiene 29 hijos y unos 16 nietos, a todos los quiero mucho a mi manera, y aquí sigo la vida.

Hoy recuerda su pasado y lo compartió conmigo sin ambigüedades, sin amargura ni arrepentimiento de los episodios vividos, —- los añoro, cómo me gustaría volver a vivírlos, pero los recuerdos no me matan ni me causan arrepentimiento, esa ha sido mi vida y así la he vivido.

nov2017

 

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