
ROSTROS PRESENTES
Por: Juan Alberto Sánchez García
Cuando observamos estos rostros y sus atuendos, la memoria vuela inevitablemente al pasado; ese ayer que se nos fue, pero que sigue presente rondando en el recuerdo. El tiempo transcurre con tal premura que pareciera que apenas ayer se marcharon aquellas imágenes que solían ser parte de nuestra cotidianidad.
A esta viejita querida y afable siempre la encontramos en el mercadito que, cada sábado, cobra vida a cielo abierto en La Grita. Nunca la desampara su bastón, fiel apoyo y compañero de andanzas, ni su pequeño bolso pollero terciado al hombro. Camina, como todo el mundo, entre los puestos de venta, y es allí donde la vida nos permite tropezar con ella.
Le tomo esta fotografía y se la muestro. Ella la observa con una expresión de admiración y una sonrisa genuina brota de su bello rostro: «Esa no soy yo», exclama con humildad. Tras el breve encuentro, seguimos caminando entre el aroma de las hortalizas frescas, el bullicio de las ventas y la gente del pueblo que, con calma andina, cumple con el ritual de comprar las provisiones de la semana.
En su negativa de reconocerse en la imagen, hay una sabiduría profunda; quizá ella no se ve como un personaje del pasado, sino como la fuerza viva que aún late en nuestras calles. Ella es el eco de una Grita que se niega a desaparecer, un recordatorio de que la identidad de un pueblo no está en los edificios, sino en la sencillez de quienes caminan sus aceras. Al verla alejarse entre la multitud, comprendo que estos rostros no son solo recuerdos; son el puente que nos mantiene unidos a nuestra propia esencia.
JASG.