EL VENDEDOR DE ESTAMPITAS

EL VENDEDOR DE ESTAMPITAS 

Por: Juan Alberto Sánchez García

Juan Alberto no solo vende estampitas; ofrece optimismo y fe a quienes lo visitan en su puesto ambulante al pie de la Basílica del Santo Cristo. Allí lleva más de treinta años laborando, desde que su padre, Ramon Sánchez, lo conminó a retirarse de la Guardia Nacional para tomar la batuta del pequeño negocio que les ha dado el sustento de toda la vida. Ramón acusaba los achaques propios de la edad y debía retirarse a casa, dejando también la Banda Municipal, en la que trabajó por más de cuarenta años.

Aquel «muchachón» de entonces se dedicó al oficio de su padre, el cual conocía desde la cuna. Recuerda los tiempos en que su papá vendía «milagros» de oro, guardados en una cajita bien protegida y escondida, «por si acaso».

No fue difícil para Juan Alberto asumir el trabajo que con tanto placer atiende. Ha mantenido un intercambio diario con la multitud que pasa por su negocio, combinando su labor con una alegría permanente y las notas de su armónica (sinfonía), que toca en sus ratos libres para animar a los transeúntes. Es un hombre bien informado, consultado por muchos; un conversador tan elocuente que sus amigos, cariñosamente, lo apodan «Perico».

Sin embargo, desde hace unos años, los problemas de salud visual comenzaron a restarle capacidades, sembrando preocupación y angustia. Buscó apoyo para una intervención quirúrgica, pero las esperanzas y expectativas iniciales no se concretaron. La pérdida de la visión se acentuó a tal punto que el alegre «Perico» comenzó a apagarse al pie de la Basílica, y dejó de escucharse su música rumbera.

Hace unos meses, al terminar su jornada, que inicia a las siete de la mañana y culmina al atardecer, un amigo pasó frente a su casa y lo encontró deprimido. Juan Alberto apenas podía reconocerlo. Al conversar, le confesó el delicado diagnóstico médico y la urgencia de una operación cuyos costos aún no lograba cubrir.

Poco después, aquel amigo regresó con el monto faltante. Gracias a ese gesto, Juan Alberto viajó inmediatamente a San Cristóbal para ser intervenido. Hoy, el vendedor de estampitas está de vuelta en su «tarantín», recuperando la visión y la dicha de ver normalmente. Es una alegría que compartimos sus amigos, deseando que pronto volvamos a tener al animado «Perico» llenando de vida la plaza Bolívar de La Grita con su animada conversa. ¡Que así sea! JASG.

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