Tulio Duque el fotógrafo de siempre


Juan Alberto Sánchez García

Tulio Duque, nace en La Grita en 1928, desde muy temprana edad agarra la calle en busca de trabajo, pues venia de una familia muy pobre, por eso se dedica a desyerbar las calles de La Grita de los años 40, luego en la bomba que estaba frente al teatro Gandica trabaja como bombero, con la particularidad que las bombas no tenían electricidad por lo que había que bombear la gasolina en forma manual, del pipote al vehículo.

Transcurre el tiempo y se dedica durante 20 años a tejer capelladas para alpargatas, recibiendo por cada docena elaborada la suma de 1 bolívar con cincuenta céntimos, tejiendo diariamente en promedio 2 docenas y media.

Un buen día de 1957, uno de sus primos hermanos lo ve tejiendo capelladas y le dice que si piensa pasar la vida en ese trabajo, lo anima y se van a San Cristóbal donde unos amigos que tienen el oficio de la fotografía, pasa unas semanas y aprende lo básico del arte de la fotografía, viaja luego a Valencia a casa de una prima que su esposo es fotógrafo se instala un corto tiempo y aprende otras cosas de fotografía, pero se viene a La Grita porque le da pena estar tantos días en casa de la prima sin producir ni un centavo para ayudar por lo menos a la comida.

En La Grita de los años 50, solo habían dos fotógrafos, Don Secundino Sánchez, gran fotógrafo y muy respetado por la calidad de sus fotos y tenía su negocio en la carrea 6 entre calles 2 y 3 y Miguelito Méndez, que estaba ubicado en su casa de la carrera 5 muy cerca de la policía; de modo que Tulio Duque llega para por decirlo asi sustituirlos.

Con lo ya aprendido hasta el momento retorna a La Grita, corría el año 1957, compra una ampliadora, monta su modesto y pequeño laboratorio fotográfico: “FOTO DUQUE” en la calle 4 un poquito mas arriba de la carrera 9 y empieza su trabajo solamente revelando “rollitos” de 12 fotos a un costo de 0,25 Bs cada foto.

No recuerda Tulio, como llegó a tener la primera cámara fotográfica, pero si memoriza perfectamente que, caída la dictadura de Pérez Jiménez, y donde hoy está el ancianato, empezaron a dictar cursos para graduar maestros de escuela, y eso le empezó a generar mucho trabajo sacando fotos tipo carnet, lo que lo llevó a ampliar su negocio y compró por 8 mil bolívares otra casita al frente de la anterior, instalando el estudio y una venta de material relacionado con el ramo de la fotografía. Hace un curso por correspondencia en la “Hemphill School” en la que obtiene su diploma como fotógrafo.

Despegó Tulio Duque como fotógrafo entre 1959 – 1960, instaló en su casa un buen laboratorio, compró una mejor ampliadora, construyó su pequeño estudio de fotografía y arrancó como cuan ave fénix, en el trabajo de la fotografía en La Grita, solo a blanco y negro, las fotos a color las mandaba a Caracas y duraban 8 dias en llegar; fue un fotógrafo infaltable a matrimonios, cumpleaños, bautizos, fiestas de 15 años, graduaciones, primeras comuniones y hasta actos fúnebres de entierros, comenta, que había una costumbre de que a la gente le gustaba el retrato en la tumba del muerto y hasta la procesión al cementerio con el difunto.

Tulio vivió su cuarto de hora de gloria profesional en La Grita, como él mismo me lo comenta, sin perder la humildad y recordando siempre la pobreza tan grande que vivió y las penurias que pasó, por eso dice, nunca me aparto ni me hacen estorbo la gente pobre con la que siempre conviví y compartí.

Cuenta Tulio. que a La Grita llegaron varios fotógrafos: un señor Colombiano no recuerda su nombre, tenía el estudio en El Llano, el señor Guillen que se ubicó por la calle 2 más abajo del cuartel, con ellos tuvo la mejor relación profesional y comercial. Recuerda a Argimiro Colmenares y a Guanare como los fotógrafos “minuteros” porque sacaban fotos rápidas de minutos, en la carrera 6 frente a donde Gabino.

Compartió el trabajo de la fotografía junto al del cine Gandica donde laboró por 20 años como portero, primero de “Patio” y luego de “Platea”, tuvo como compañeros de trabajo al relojero José Duque, quien manejaba la máquina de pasar la película, también recuerda a Francisco Isturiz, quien hacia los cartelones y al talabartero Chaparrito, que vendía los tiques; se retira cuando llegó como nuevo propietario del cine, Don Italo Méndez.

En una oportunidad un compadre le ofrece una casa nueva en plena esquina de la calle 3 con carrera 7 al pie de la plaza Jáuregui, la que adquiere después de hacer unas cuantas maromas economicas y asi Tulio Duque en 1967 mudó su estudio fotográfico a este céntrico local comercial, que muy bien lo identifica el aviso de Kodak “Foto Duque” donde hoy Tulio a sus 86 años, retirado de la fotografía desde 1998, aun lo vemos detrás del mostrador de su negocio, con la misma sonrisa y ánimo, sin ningún rencor ni reproche, muy por el contrario agradecido de la vida, solo que como él dice “los años pegan”

Tulio Duque, es un icono popular en la historia contemporánea de La Grita, su arraigo y vinculación que las generaciones de los 60 hasta entrados los 90 tienen de Tulio Duque no tiene parangón, la gente recuerda la foto en blanco y negro con el sello “Foto Duque” por eso Tulio, forma ya parte del imaginario colectivo cultural de La Grita, al extremo que a quien ande tomando fotos en La Grita se le diga amistosamente “Tulio”

Se precia de tener la suerte de contar con amigos que lo quieren y lo llaman por teléfono con alguna frecuencia, como Hugo Colmenares de Caracas, Esteban Duque de Maracay y Reymundo Roa de Washington, además siempre me visitan los Morochos hijos de Higinio, el que vendía querosén en el barrio.

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