Y se apagó la sirena

Juan Alberto Sánchez García

Los pueblos siempre marcan la vida de sus habitantes, los recuerdos forman parte de la existencia y cuando se traslada al pasado, afloran los mejores sentimientos de la infancia y la mocedad.

La Grita pueblo enmarcado en tradiciones, lleno de historia patria, siempre apuntala la vida de sus hijos y de quienes la eligen como suya, aquí se aprende a querer a Venezuela desde que en la escuela se escucha al maestro referir el paso del Libertador Simón Bolívar por esta comarca, en su heroica gesta emancipadora de La Campaña Admirable.

El teatro Gandica fue el que años después de creado originó el recordado primer cine que tuvo La Grita, conocido como “Cine Gandica” ubicado en la carrera 6 con calle 4, donde consuetudinariamente de lunes a domingo se exhibían películas mayoritariamente mexicanas.

Francisco Isturiz(+) magistralmente diseñaba muy temprano los cartelones que anunciaban la película de la noche con una impecable letra de molde que servía hasta de ejercicio para los niños saber que estaban aprendiendo a leer. A las nueve de la mañana a mas tardar esos carteles tenían que estar colocados en las esquinas estratégicas del pueblo por ser los lugares de mayor concurrencia de la gente. En la esquina de la calle tres con carrera seis donde estaba la venta de dulces de Antonio Guerrero, allí en el postal era amarrado; en la esquina de la carrera seis con calle dos, justo en la esquina donde Gabino; en la plaza Bolívar esquina de carrera cuatro con calle dos.

Todas las noches a las siete y media se dejaba escuchar la sirena, primer llamado para el cine, que como un lamento retumbaba en los cuatro costados del pueblo, desde El Calvario hasta El Llano, de Aguadia al Llano de Los Zambrano, y en las comunidades rurales mas cercanas. El lamento sorprendía siempre a los habitantes y había que explicarle a alguien que por primera vez visitaba el pueblo; indicando que el cine Gandica estaba ya dispuesto a presentar la película promocionada en los cartelones y trailes.

La reja de metal del cine Gandica se abría, Tulio Duque, se instalaba en la puerta de platea, José Duque ya estaba listo en el cuarto de máquinas y el señor José María Chaparro, en su pequeña ventanilla vendía la entrada. En el pasillo se encontraban los vendedores y compradores de cuentos y novelas policiales, así como los que hacían el trueque.

Este era el diario trajinar del cine Gandica, icono Gritense que muchas generaciones lo llevan hasta en el tuétano como un buen recuerdo, al igual que otras generaciones lo conocieron como un gran teatro de abolengo y referencia local, regional y nacional. Ademas fue lugar de reuniones políticas, sala de conferencias y encuentros.

A un cuarto para las ocho, con la precisión del mejor reloj suizo, volvía a sonar la sirena, en dos prolongados lamentos indicaba que dentro de poco comenzaría la función, efectivamente las ocho en punto, los tres fulminantes alaridos de la sirena le indicaba a los amantes del cine que ya comenzaría la película.

Todos reclinados en sus buenas butacas en el sector de platea, también los invitados de cortesía por el señor Ramón Gandica a su palco preferencial y exclusivo, y los que entraban al llamado patio, que era la zona popular y mas barata, ahí entraba la muchachada, la que se tenía que sentar en banquetas de madera que no tenían espaldar, de manera que al salir de cine se llevaba también un poco el dolor en la espalda.

Merece recordar “el patio” porque era donde entraba la muchachada, la gente popular del pueblo y tenía la particularidad que en plena película desde la banca orinaban en el piso con el fin de no perderse ni un cuadro de la película y se escuchaban los gritos y la alharaca de quienes eran salpicados por las gotas.

Y cuidado si se asomaban por el cine los menores de edad, para ellos estaba allí un policía de punto que hacia cumplir la ley y las normas a cabalidad, por eso en la edad temprana no quedaba mas remedio que estar en la casa o donde los vecinos pero hasta más tardar a las 8 de la noche.

Hubo una época a finales de los 60´s que el cine Gandica empezó a ofrecer cine censura “C” para los adultos, función que comenzaba media hora después de haber terminado la película digamos normal de la noche. Un grupito de jóvenes echadores de vaina se apostaban a esa hora de la noche en la esquina de “Los Dulces” de José Moncada y Antonio Guerrero, a ver pasar los viejos encopetados del pueblo que iban a ver la película pornográfica, y al pasar frente a los muchachos agachaban la cabeza y no hablaban una sola palabra, sería que sentían vergüenza y el silencio los delataba.

La sirena del cine Gandica formó parte de ese imaginario colectivo de La Grita de los años 50´s hasta entrados los 60´s, porque sus fuertes sonidos permitían a la madre de familia ordenar la casa, recoger los platos de la cena, preparar los niños para las actividades del otro dia y rezar por norma el santo rosario, cuando sonaban los tres últimos lamentos de la sirena, toda la casa estaba en orden y los mas pequeños dispuestos a dormir.

La llegada de la tv a La Grita por los años 60´s, el cambio de dueños y administradores, fue paulatinamente induciendo el hábito de sus habitantes, poco a poco disminuyó la frecuencia al cine y asi marco la decadencia del legendario cine Gandica hasta que un día se apagó para siempre la sirena.

JASGsept2017

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