Asdrúbal Millán

 

Un apóstol de la educación

Asdrubal Millán

Juan Alberto Sánchez García

Nace Asdrúbal José Millán Gonzáles, un 19 de diciembre de 1.947 en el oriente del país, específicamente en Carúpano, estado Sucre, siendo el primero de doce hermanos. Criado en un ambiente de campos petroleros, porque su padre trabajaba en el sector.

Transcurre su infancia entre las calles del pueblo y el asistir a la escuela que le quedaba tan cerca, que desde su casa oía el timbre; y por las tardes asistía a escuela paga.

Se precia de haber sido un niño  aplicado y juicioso pero  muy hiperactivo y mamador de gallo,  su abuela  le decía que si había comido azogue, porque no se quedaba quieto  un momento.

En Carúpano, se crió en una calle donde en todas las casas trabajaban artesanalmente la hechura de chorizos y morcillas; a los muchachos al salir de la escuela les pagaban un bolívar por trabajar un rato, rellenando las tripas con los respectivos ingredientes.

En su memoria quedaron grabados dos hechos históricos que recuerda vivamente: la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez y el alzamiento militar denominado “El Carupanazo”,  episodios que fueron cambiando la vida política de Venezuela.

Estudia el bachillerato allí mismo en Carúpano, en el liceo Simón Rodríguez, de donde egresa en 1.967 como bachiller en humanidades, recuerda que los profesores tenían mucho nivel académico y devoción por la enseñanza, rememora a cada uno de ellos con sus diferentes nacionalidades.

Se viene a Caracas en 1967, a continuar sus estudios superiores, ingresa al Instituto Pedagógico y sucede el terremoto de Caracas, lo cual fue extremadamente catastrófico, muchos muertos y destruida la ciudad. Fue tal la situación, que una vez recuperada parcialmente la situación, funcionarios del Ministerio de Educación visitan el pedagógico en busca de alumnos que quieran asumir las asignaturas de profesores que por diferentes motivos no pudieron continuar dando clase.

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Así, Asdrúbal Millán, estudió los cinco años en el Pedagógico de Caracas y a su vez trabajó dando clases en el liceo  Pablo Acosta Ortiz y en el instituto San Pablo de la capital del país; culminando sus estudios superiores en el Pedagógico  graduándose en 1972;  habiendo cumplido el doble rol de estudiante y educador.

Ya como todo un profesional, comienza a ejercer la docencia en la catedra de Castellano en el liceo Andrés Bello de Caracas; corrían los años 1972 – 1973, cuando  a través de La Organización de Estudiantes Católicos de Venezuela, viaja a Europa durante 4 meses visitando Madrid, Sevilla, Granada, Paris, Paris, Roma y Lisboa.

Un día de septiembre de 1973 el profesor Amos Martínez Peñuela, quien trabajaba en La Academia Militar de Venezuela y habiendo sido su profesor en el pedagógico, le comenta que en el Liceo Militar Jáuregui de La Grita, en el estado Táchira, estaban necesitando un profesor para dictar las materias de Latín y Griego.

Millán con la personalidad que lo caracteriza, le pidió información de La Grita, cómo era  el pueblo,  su clima, porque como él mismo lo manifiesta, a pesar de haber nacido y vivido las primeras etapas de su vida en Carúpano, zona cálida por excelencia y tener como solar de su casa el mar, siempre le ha gustado el clima frio y la montaña.

Solicita en el trabajo permiso por una semana y se viene a La Grita un día lunes 24 de septiembre de 1973, en  vuelo Maiquetía – La Fría,  llega al Liceo Militar Jáuregui, donde es recibido por el Director, Coronel  Aníbal Caldera Bejarano; luego el jefe del departamento de Castellano y Literatura, profesor Luis Mora Zambrano,  le entrega la carpeta para que vaya por la tarde a dar clase.

Transcurrió esa semana de prueba con toda normalidad y compañerismo por sus colegas profesores; sintió Millán que estaba en el lugar apropiado para ejercer la docencia, de manera que retorna a Caracas, introduce su renuncia y se viene a La Grita, hasta el sol de hoy.

Dada su forma de vestir siempre con corbata como era la exigencia en El Pedagógico de Caracas  y su tono caraqueño de hablar, hizo que sus colegas le colocaran de una vez el remoquete de “El Chevere” expresión que repetía con normalidad e insistencia en las conversaciones, y así se quedó “el chévere”.

Empieza Millán a desarrollar su acción pedagógica como profesor en 1973, no solo en el liceo Militar sino que también imparte docencia en el colegio Santa Rosa de Lima, liceo Ángel María Duque, liceo nocturno Antolín Parra y en 1974 asume unas horas de clases de latín y griego en el liceo Ramón Fernández Belardi de la población de Seboruco.

Y así comienza Asdrúbal Millán a adentrarse en La Grita, sintiéndose como uno más dentro de la comunidad Gritense y muy bien con toda la gente que trataba, hospitalaria y respetuosa, motivo que lo arraigó a La Grita, en la que hasta hoy ha vivido, después de haber llegado hace 43 años.

Una noche ya entrado 1974, estaba en el liceo nocturno “Antolín Parra” y dando una vuelta por los pasillos, logró ver en un salón de clase a una mujer de tez blanca, ojos azules, vestida de negro y con su pelo muy bien arreglado, que de inmediato lo impactó, averiguó con otros colegas de quién se trataba, su nombre, Ilia Isabel Contreras Galvis, conocida cariñosamente por todos sus compañeros de trabajo como “Chava”.

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Tiempo más tarde sería su esposa, con quien se casa en Seboruco el 21 de diciembre de 1974, y desarrollan toda su vida en La Grita, ambos como docentes hasta el día de hoy, hacen la combinación del chevere con chava.

Tienen su hogar integrado por  6 hijos que les han permitido consolidar un grupo familiar sólido, formado en valores con paz y tranquilidad, vive en la parte alta de la ciudad, en una bella casona moderna, donde se respira con sosiego en cualquiera de los ambiente donde se esté.

Ha pertenecido a diferentes organizaciones en La Grita, como el club de Leones del cual fue presidente 7 veces; Presidente de la junta directica del Club Gran Mariscal de Ayacucho;  permanente colaborador de las dos iglesias de La Grita y miembro activo de La Cofradía del Santo Cristo, desde su fundación el 24 de junio de 1995, de la que ha sido tres veces Coordinador General.

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Millán, ha tenido una permanente vinculación con la iglesia católica de La Grita, por eso ha vivido las diferentes transiciones de La Basílica Menor, desde  Raúl Méndez Moncada hasta el actual rector, Nepomuceno Hernández Blanco.

Pero también vivió la transición de La Iglesia de Los Angeles con el padre Sandoval ya enfermo y la llegada del padre Luis Enrique Blanco, quien lo nombra Coordinador en Jáuregui de La Misión Nacional por la venida a Mérida del Papa Juan Pablo II en enero de 1.985, asistiendo a los actos con el grupo católico de  La Grita.

Este jovial oriental, conoció La Grita casi sin motos, ni tantos carros, no habían construido los bloques de Las Piedritas, ni  urbanizaciones como  las que 43 años después muestran a una Grita, que va perdiendo sus rasgos y su timidez de pueblo, para  convertirse en ciudad señora.

El corazón central de su vida como educador indudablemente que fue el Liceo Militar Jáuregui, y nos relata que en 1998 le llegó una comunicación del Ministerio de La Defensa, donde le otorgaba por años de servicio su jubilación. A Chava, su mujer, le comentó en casa tal decisión y lloró leyendo la comunicación y valorando esta nueva etapa que en su vida se le avecinaba.

Rememora que hubo un acto de despedida en el liceo Militar Jáuregui con alto contenido de aprecio y amistad; el auditórium fue el lugar escogido para tal despedida, donde en presencia de  las autoridades, sus colegas profesores y los alumnos  le hicieron los respectivos reconocimientos; Asdrúbal Millán, dio una clase magistral de despedida, se retiró del auditórium por una calle de honor que los alumnos le organizaron, no pudo contener las lágrimas que le anunciaban la venida de otros tiempos, la plaza Sucre le sirvió en ese momento de apoyo, allí seco sus lágrimas y miró fijamente a la institución que un día de septiembre de 1.973 le cambió para siempre el destino de su vida.

Hoy a sus 69 años de edad y ya jubilado de  educación a la que le ha dedicado 49 años, desde estudiante en el Pedagógico de Caracas, en el Liceo Andrés Bello de Caracas, y en La Grita en el Liceo  Militar Jáuregui, Ángel María Duque, Antolín Parra, Antonio Fernández Belardi de Seboruco Colegio Santa Rosa de Lima, Escuela Parroquial Corazón de Jesús, Escuela de Música Santa Cecilia, Instituto Universitario de La Frontera, además de haber dictado durante 4 años los cursos propedéuticos de La UNET; aún hoy sigue impartiendo enseñanza en el colegio Santa Rosa de Lima, donde  lleva 44 años ininterrumpidos de labor docente, y ahora en el propedéutico de la Casa de Formación Sacerdotal “Juan Pablo II” ubicado en El Santuario al Santo Cristo de La Grita, habiendo sido llamado por el obispo Monseñor Mario del Valle Moronta; para que apoye como educador esta nueva cantera de sacerdotes que de aquí deberán salir.

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Actualmente ejerce la tarea de ser El Cronista de La Grita, actividad en la que lleva dos años, con tropiezos y dificultades pero como él mismo lo señala: ahí vamos haciendo lo que podemos.

Le vemos siempre muy jovial, cordial y alegre conversador, en La Grita es conocido y reconocido por la comunidad, pues tiene en su haber el ser padrino de más de 20 promociones de bachilleres. Y sin temor a equivocarnos todos absolutamente todos sus discípulos,  recuerdan a Millán con mucho afecto,  por esas inolvidables clases que  impartía.

Tuvo la magia y el secreto de que a su clase nadie faltaba porque a pesar de ser estricto, combinaba esa característica con la jocosidad, que hacía de los alumnos, una clase memorable e imperdible y que increíblemente hoy sus exalumnos ya profesionales y en diferentes actividades de la vida, la recuerdan con nítida claridad.

Insertamos algunos recuerdos de sus discípulos transcurridos ya los años y que a pesar del largo tiempo, siguen retenidos casi que intacto el momento de la clase:

“Sóngoro, cosongo, sóngoro cosongo”

Siempre recitaba:

Te perdí, te perdí en la noche,

Como se pierde una esperanza,

Tu amor fue un relámpago

Que iluminó un instante,

El cielo oscuro de mi soledad.

 Siempre cuando leían doña Bárbara  les decía: ¿con quién vamos?

Y tod@s respondían con fuerza: con Dios y la virgen, seguida de la respectiva carcajada de  Millán y que le acompañaban sus alumnos.

Ah…… y todos los estudiantes sabían lo que seguramente pasaría si Millán llegaba a  clase con corbata roja………. Había examen y todos raspados…….!

Si alguna muchacha tenía el bolso sobre las piernas, le decía: ¡… quítese ese bolso de ahí que no se le va a volar……!

Cuando algún estudiantes se le acercaba a preguntarle algo y le decía profe? El contestaba ¡….que le pica….!

Cuando algún alumno estaba mal sentado y sobre todo si era mujer le decía: ¡…..usted esta sentad@ como Horacio, una nalga en el puesto y otra en el espacio…..!

Digamos que este no fue Asdrúbal Millán, este sigue siendo Millán “El Chévere” un hombre practicante de la tolerancia como filosofía de vida, quien disfruta de las conversaciones con sus exalumnos y amigos en la calle o cuando lo visitan en su casa, es todo un símbolo para muchos alumnos y le agregaríamos nosotros que es “genio y figura hasta la sepultura”

JASGMAYO2016

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