Borriquero

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Por: Juan Alberto Sanchez García

Constantino Mogollón, fue un comerciante de la población de Floresta en el Departamento de Boyacá, Colombia;  quien a finales del siglo XIX se convirtió en un asiduo visitante de La Grita por la época de agosto en las conocidas ferias del pueblo. Venía de esas lejanas tierras a vender mercancías y los arreos de mulas, entre las ferias de La Grita y las de Tariba; era una persona muy conocida y gozaba de gran prestigio por la rectitud, solvencia económica  y honestidad en sus negocios.

Las constantes visitas anuales, le permitieron ganarse la confianza de los comerciantes locales  que le compraban las mercancías,  eso hizo que fuera conociendo la gente del pueblo y se fuera insertando en la sociedad local, estableciendo amistades que luego se fueron consolidando.

En uno de sus viajes tropezó con la bella mujer gritense  Leonarda Sánchez, de quien se enamoró y contrajeron matrimonio, yéndose  Leonarda  a vivir a la lejana  Floresta, la que distaba un mes de camino,  dejando a la Grita de sus querencias, familiares y amigos.

Constantino, siguió viniendo a La Grita en sus actividades comerciales y en algunos de sus viajes traía a su esposa Leonarda a pasear por su tierra natal y a visitar a su familia; mientras Constantino se dedicaba a las ventas y negocios en general que era su propósito.

De este matrimonio nacieron tres hijos, Constantino, Domingo y Pedro Mogollón Sánchez, quienes a temprana edad quedaron huérfanos pues su padre murió y Leonarda tuvo que venirse de Floresta a La Grita, donde mas tarde sus muchachos estudian en  el colegio  Sagrado Corazón de Jesús.

Los Mogollón Sánchez, heredan de su padre la vena comercial, aptitud que desarrollan en el pueblo al convertirse en prósperos comerciantes  en las tiendas que fundan  caracterizados en vender productos de muy buena calidad y traídos de Colombia, por las relaciones familiares que ya habían adquirido.

Constantino Mogollón Sánchez, siendo todavía muy joven se dedica a la agricultura, por lo que compra la hacienda Borriquero, ubicada cerca de la entrada a La Grita por el camino de los españoles y quizá la finca de mayor prestancia para el momento.

La historia de la hacienda Borriquero se remonta a 1657, cuando el cabildo de La Grita ya en posesión de las tierras, vende al capitán Francisco Guerrero de Librillos, una estancia en el sector denominado Borriquero, la que luego con el trabajo y los años se convierte en la hacienda Borriquero, esplendida de café, cañaverales y producción de panela.

En 1916 Constantino Mogollón Sánchez se casa con Josefa Edilia Sánchez y de esa unión nacen sus dos hijas Edilia y Elda Luisa, pero lamentablemente Constantino muere a temprana edad, debe Edilia dedicarse a la crianza de sus hijas y el cuido de la finca, la que eficientemente administró por mas de 50 años.

Fue Borriquero una bella finca, con un gran portón a la entrada acompañado de sauces y un cimiento de piedra de lado y lado por el que conducía a la casona, que denotaba estar llegando al paraíso en el que familiares y amigos disfrutaban los fines de semana en los tradicionales paseos que realizaban, aprovechando la molienda  de caña y producción de panela, el ingenio de café, la vaquera, pero además de lo expedito que resultaba su visita pues desde 1925 le pasó por todo el frente la carretera Trasandina. Era común ver a doña Edilia muy bien arreglada con esos collares que le descolgaban en el cuello, transitar desde La Grita hasta Borriquero en su Chevrolet Impala negro, en sus visitas de rutina.

Borriquero representaba una hacienda modelo en el cultivo y procesamiento de caña, con un inmenso trapiche que en forma permanente molía caña  por varias semanas continuas día y noche, con un trapiche movido por agua, que por una toma venida del rio Aguadias  y que más arriba de la planta eléctrica (hoy barrio Bolivariano)  se tomaba el agua en la llamada boca – toma, por donde se desprendía el agua, atravesando las dos Aguadias hasta llegar a Borriquero.

Como todo en la vida, tuvo su final, muere doña Edilia,  la finca  fue vendida y transformada en un conjunto habitacional junto a un liceo que le construyó el Estado venezolano; hoy, solo quedan los recuerdos y  vestigios de lo que fuera la casona de corredores amplios donde la peonada descansaba de sus arduas tareas diarias y la familia Mogollón Sánchez disfrutaba por su acogida.

Fuentes Consultadas

  • Conversación con Nestor Melani y el Dr. Ricardo Méndez Moreno.
  • Castillo Lara, Lucas. La Grita una ciudad que grita su silencio.
  • Lupi Domingo E. Apuntes gritenses. 1976

JASGenero2019

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