El Recalentado

Liceo Militar Jauregui La GritaLiceo Militar Jauregui

Recalentao

Por: Juan Alberto Sánchez García

Corría el año 1960, Venezuela venia saliendo de la oprobiosa dictadura de Marcos Pérez Jiménez, negadora de libertades con  bayoneta y  fusil, cercenadora de los más elementales derechos ciudadanos, escondedora y tapadora de la verdad, además de  violentadora de la dignidad humana.

Venezuela iniciaba un nuevo periodo llamado democracia, donde se tenía y debía cumplir una serie de principios y preceptos constitucionales recientemente aprobados en la nueva carta magna, que dieran al traste con la deuda social que se venía arrastrando.

En La Grita y sus alrededores, había pobreza y hambre, lo cual se evidenciaba todos los días  sábado, cuando un grupo sobre todo de mujeres y niños, tocaban la puerta de las casas solicitando un mendrugo de pan y ropa para aliviar sus carencias.

Había llegado al liceo militar Jáuregui un coronel director que rápidamente captó la problemática social y trató de aliviar la situación, por lo menos de una parte de gente pobre que vivía en la ciudad.

Fue así como implementó el repartimiento de comida limpia que sobraba diariamente en el liceo, para lo cual todas las tardes a eso de las seis y media se empezaba a entregar a la gente que ya desde las cuatro de la tarde se apostaba haciendo cola desde parte de la avenida El Topón hasta la alcabala de prevención y entrada al liceo.

Ordenadamente cada persona llevaba una vasija que variaba desde una vianda, olla hasta una lata de aquellas donde venía la leche Reina del Campo, recipientes que eran llenadas con la comida que las trabajadoras de la cocina repartían meticulosamente y en orden.

Cada uno se iba  con cara de felicidad y su vianda de comida a su casa donde era esperado con alegría y ansias de saciar la necesidad de comer la sabrosa comida que  había recibido  del liceo Militar Jáuregui. Fue una ayuda que algunos todavía la recuerdan y la agradecen porque los apoyó a levantarse de niños, donde la pobreza estaba a la orden del día.

Y en las casas se disfrutaba del famoso “recalentao”, se saboreaba lo que muchos paladares no habían degustado nunca, como un arroz con pollo, salchichas, jamón, carne, pollo, pescado, ensaladas, tortillas, carne de buey y pare de contar. Era realmente un manjar de comida del que todos estaban agradecidos, y a veces hasta postre se degustaba.

Pero, todo en la vida tiene su pero, llegó luego un nuevo coronel director e inmediatamente cambió las reglas de juego, cuando una tarde salió a inspeccionar y vio la cola de gente del pueblo, que silenciosa, ordenada y pasivamente, espera llegara las seis y media de la tarde, para recibir su vasija de suculenta comida. No le parecía a este director que esto fuera lo más cónsono con la institución militar, y ordenó tajantemente que esa obra social se suspendiera.

Fue muy triste para la gente pobre de La Grita, cuando al otro día como de costumbre, llegaron a apostarse  y hacer la cola para  esperar la porción de comida, al ser informados y advertidos de que por órdenes superiores del coronel director, no se iba a seguir regalando comida. La nostalgia  embargó  a todos pobres y necesitados;  fue una noticia melancólica e inesperada la que esa noche llevaron a su casa. En el pueblo al conocerse la noticia todos se preguntaban y comentaban sobre el destino de esa comida, limpia, sana y buena, se oían las voces y ¿qué irán a hacer con esa comida?

Cerca de La Grita, el coronel director tuvo la “ingeniosa????’’ idea de instalar una cochinera, que por cierto se convirtió en un foco de contaminación para la comunidad y para el rio Grande. El personal del liceo militar todos los días religiosamente, tenía que cumplir la orden y la instrucción de llevar la comida para engordar la camada de cerdos que allí tenía; privando así a un sector de la población pobre y necesitado de La Grita, de seguir siendo beneficiada con comida limpia y de muy buena calidad, quedando el “recalentao” en el recuerdo de la casa de quienes se beneficiaron de esta truncada iniciativa del liceo Militar Jáuregui.

JASGfebrero2019

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