El ultimo limpiabotas

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El ultimo limpiabotas

Justo Bernardino Zambrano

Por: Juan Alberto Sánchez García

Nace en Seboruco hace 61 años,  desde muy pequeño se vienen su familia a La Grita, la pobreza lo lanza desde niño a trabajar, por eso, compartía con el estudio en la escuela, el embolado  de calzado en esta plaza bolívar de La Grita.

Hasta los catorce años estuvo aquí en esta plaza, con su cajón  compitiendo con un grupo de unos ocho limpiabotas mas, que trabajaban de nueve  de la mañana a cuatro de la tarde, al calor del bullicio junto a los choferes de la línea de libres “San Juan” recuerda Bernardino a Silverio, el médico, el cachato, entre otros y los bares, El Torbes, La Copa Ideal, y La Comparsita, donde al medio día era ya costumbre tomarse un buen refresco de tamarindo que preparaban  el recordado Lucidio y Carlos “cagao” en El Torbes, o las empanadas de La Comparsita.

Siendo un adolecente se va a Caracas como lo hacia buena parte de la muchachada del pueblo, allá se encuentra con una gran ciudad jamás imaginada, la que rompe con el apacible pueblo pequeño que era La Grita <donde todos nos conocíamos, casi que teníamos un sindicato de limpiabotas, y nos ayudábamos los unos a los otros> claro que de vez en cuando se presentaban peleas y la forma de dirimirlas era chocando los cajones hasta que se rompiera el primero, ahí terminaba todo.

En la urbe caraqueña <empecé a trabajar en lo que me salía, había que echarle pichón a todo hasta que tuve los 18 años y me agarró la recluta para el cuartel, pagué el servicio en Cumaná> ciudad que recuerda con añoranza por la forma de ser la gente, parecida al andino, además le gustaba lo colonial de la ciudad.

Se viene como reservista a Caracas,  trabaja otros años como ayudante de construcción y un buen día se le metió en la cabeza la idea de regresar a La Grita, y aquí está desde hace 25 años, limpiando zapatos en la plaza Bolívar que lo vio crecer y como dice Bernardino <ahora me ve envejecer con 61 años a las costillas>.

Al regreso se dedicó con su cajón nuevamente al oficio de limpiar zapatos, pero era casi que a domicilio, se iba a las residencias de estudiantes externos del Liceo Militar Jáuregui, y diariamente limpiaba un promedio de quince pares de botas, pasaba toda la semana ocupado lo que poco chance le quedaba para ir a la plaza.

Pero luego Bernardino retoma el trabajo en la plaza,  a donde desde hace 25 años llega a las 9 de la mañana, acomoda la silla y los macundales de trabajo en el lugar que siempre ha estado, parte lateral de la plaza que da con la calle dos, frente a las viejas casonas de la familia Omaña y la telefónica. Aquí esta todos los días invariablemente, llueve, truene o relampaguee, cuesta el servicio entre 15 y 20 mil bolívares, dependiendo del estado del calzado.

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Bernardino trabaja y conversa con todo el mundo, su saludo y la sonrisa siempre están con él, no es hombre de amarguras, es cordial y predica con los hechos la paz, jamás se le ve su cara fruncida, y a todo el que le solicita un servicio está presto < aquí pasan en el carro los clientes me  dejan los zapatos mientras hacen diligencias, y luego los retiran>

Y es ya un ritual diario después de tener sus aperos listos para comenzar a trabajar, debe colocarle cambures a las ardillas de la plaza, las que lo conocen y esperan todos los santos días en el  improvisado comedero  donde Bernardino les surte de frutas, a donde bajan buscan su comida y vuelven a trepar los arboles.

Bernardino es amigo de todo el mundo, conoce a media Grita, por esta plaza palpita el alma del pueblo diariamente, es un libro abierto que sabe lo que sucede en el pueblo, además de conversador infatigable, pero en los momentos que no tiene clientela se dedica a la lectura.

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Es el último limpiabotas del pueblo que ha marcado su historia en su tiempo aquí en la plaza mayor de La Grita, es el referencial de nos queda de los pueblos cuando van perdiendo sus vivencias y tradiciones permanentes con sus personajes emblemáticos, por eso Bernardino en la plaza Bolívar, no solo embola zapatos, sino que hace que todavía se conserve con su presencia el sabor de pueblo que abriga La Grita.

JASGdic2019

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