Un pino Laso para La Grita

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Un pino Laso para La Grita

Por: Juan Alberto Sánchez García

El pino Laso, es el único característico de estos lugares y representante autóctono del grupo de las Coníferas en el bosque nublado o selva de montaña en Los Andes venezolanos; es por eso que se le considera como “el rey de la selva nublada” donde crece en alturas desde los 1700 hasta los 2600 metros sobre el nivel del mar.

En Venezuela solo lo hay en los estados Trujillo, Mérida y Táchira, pero con mayor notoriedad, presencia y conocimiento de su existencia en el estado Táchira y particularmente en el bosque nublado de Pueblo Hondo, Pueblo Encima, Llano Largo y Sabana Grande, con tal cual ejemplar esparcido en otros municipios tachirenses.

La presencia del pino Laso en el Táchira, hizo que se le denominara el árbol emblemático y representante de la comarca tachirense; por eso, así como el Araguaney es el árbol Nacional, el pino Laso lo es del Táchira. Las bondades de este pino autóctono, lo hacen merecedor del mayor reconocimiento, por ser un elemento conservacionista y ofrecer como recompensa una madera de extraordinaria calidad.

La frondosidad de sus hojas y el esbelto tamaño que llega a alcanzar hasta 45 metros de altura con un diámetro no menor a 2,5 metros, le garantizan su existencia y presencia en las montañas tachirenses y especialmente en las gritenses.

Estar en un bosque de pino Laso es verdaderamente un éxtasis, acompañado del resto de plantas autóctonas de la zona, no es ofensivo ni destructor de las demás especies vegetales que le acompañan, mas por el contrario es amigable y fraterno.

Pero hoy es una especie seriamente amenazada y camino a desaparecer, ya es muy poca la presencia en sus lugares de origen, transitar por la carretera trasandina ya no ofrece ese paisaje visual del pino Laso, casi no se le nota su presencia.

Por eso y muchas cosas mas, se hace urgente que el municipio emprenda -si es que tiene voluntad- la coordinación y ejecución de un programa de rescate de especies autóctonas y de reforestación de las microcuencas, con la participación de toda la comunidad rural y urbana.

Se pudiera hacer un acto central en La Grita y sembrar en cada una de las cuatro plazas publicas no menos de tres ejemplares de pino Laso, para dar inicio a un programa ambiental de envergadura y necesidad.

Si no se emprende un programa de conservación de suelos y agua en este municipio, que algunos se jactan en llamar “la tacita de oro del Táchira” veremos como ya se ve, la mengua de los recursos naturales y el desmejoramiento de la calidad de vida.

Llama la atención como muchos hacen dinero y muestran lujos, gracias a esos 6 mil campesinos que día a día agachan el lomo y labran las 7 mil hectáreas que anualmente se cultivan, y ni siquiera se les pasa por la frente reflexionar: ¿Qué pasará en La Grita cuando siga disminuyendo el agua y las tierras de agoten de cansancio? ¿Será que se pondrán la mano en el corazón y apoyarán un programa ambiental para La Grita de hoy y de mañana?

Esta es otra de las cruzadas que debe emprender el municipio Jáuregui, que desde su fundación ha sido ejemplo digno de entereza y emprendimiento.

En casa de Los Humogria a diciembre de 2021

JASG

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